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A favor y en contra de la policía de tránsito

26 de Octubre de 2015

→ A favor de la policía de tránsito
Por LUIS ESPINOZA ZULOAGA

IMAGINEMOS UN LUNES A LAS 8:00 A.M. Es hora punta, todos están yendo a trabajar y algunos ya están tarde. En una sociedad perfecta, no habría ningún problema porque tenemos un sistema de normas y códigos vehiculares que permiten que transitemos en armonía. En esa utopía, todas las personas seguirían esas reglas, se respetarían las señales de tránsito, los choferes de combi solo recogerían a las personas en los paraderos autorizados, el tardón no intentaría meterse en contra para evitar el tráfico o ganarle a la luz roja acelerando en ámbar y a nadie se le cruzaría por la cabeza tomar y manejar al mismo tiempo.

Ahora salgan y comparen con la realidad. Según un informe del INEI, en 2012 hubo 53.111 accidentes en Lima, es decir, 145.5 accidentes al día, de los cuales el 73,34% se llevaron a cabo en avenidas. Pero más allá del elevado número de accidentes, lo más aterrador del informe son las causas. Las cinco principales (en orden) son: exceso de velocidad, invasión del carril o maniobra inapropiada, desacato a la señal de transito por parte del conductor, desacato a la señal de transito por parte del peatón, ebriedad o cansancio del conductor / uso de celular.

Como es evidente, de esas cinco causas, todas son ocasionadas por la imprudencia o la falta de criterio de las personas. Entonces, ¿cómo se puede dudar de la necesidad de la policía de tránsito? Es justo para esos casos que tiene que haber un ente regulador que se encargue de controlar que todas las personas obedezcan las leyes y se comporten de manera civilizada imponiendo multas y supervisando que todo esté en orden. ¿Es molesto tener que esperar varias luces verdes para pasar porque el policía de tránsito está dando prioridad a otra avenida? Claro que lo es. ¿Incomoda que te paren en una batida en la noche cuando regresas de una fiesta? Es todo lo que puedo pensar camino a casa. Sin embargo, al aceptar el pacto social, aceptamos que muchas veces vamos a tener que hacer cosas que nos disgustan o incomodan porque sirven a un bien superior como sociedad y obedecer a la policía de tránsito es parte de ello.

¿Es la policía de tránsito una solución al problema? Definitivamente no. Es necesario trabajar en una mejor educación vial, mejorar las condiciones de infraestructura de nuestras pistas y solucionar el caos del transporte público. Y no empecemos a hablar de las deficiencias de la misma institución (falta de unidades, falta de policías y que algunos sean corruptos son solo alguno de los problemas). Sin embargo, mientras sigamos comportándonos como animales, necesitamos ser arreados como tales.

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→ En contra de la policía de tránsito
Por JESÚS CUZCANO

EMPIEZO ESTE TEXTO con la siguiente pregunta: ¿existe algo peor que el tránsito limeño en hora punta? Sí, existe: el tránsito limeño en hora punta con policía de por medio. Es decir, aquella antipática congregación vehicular —casi un vía crucis— con la que todos sufrimos cuando el reloj marca las siete se torna insufrible cuando los guardianes de la ley intentan dirigir ineficazmente su engorrosa afluencia.

¿De qué hablamos cuando hablamos de un policía en esta angustiante situación? Si se habla en cifras, se hace referencia a los 3.000 efectivos que, distribuidos en la ciudad, buscan hacerse cargo de este problema. La pregunta es: si existen 134 cruces críticos, en 33 distritos de la capital, ¿no debería ser una ayuda más que un problema? Cuando se habla de un policía frente un océano de vehículos, solo puede haber una justificación para aquella falencia: descoordinación y, en el peor de los casos, improvisación.

No existe nada de apariencia más subjetiva que un policía asignando un tiempo de circulación, ya sea prologando o menor, en una avenida que cuenta con semáforos en pleno funcionamiento. La solución es cambiar el ciclo de los mismos. Es decir, más tecnología, menos pitazos, y por ende menos confusión. Solo por poner un ejemplo de percepción, el mecanismo manual de dirigencia proyecta un mal mensaje del distrito (y de la ciudad en general) a todo aquel que circula por sus vías. Lino de la Barrera Laca, experto en temas de tránsito del MTC, propone lo siguiente: un sistema integrado de semáforos. Y con justa razón. En palabras suyas: “La tecnología elimina la presencia subjetiva del policía”.

Por otro lado, una correcta sincronización en la semaforización reduciría hasta en 10% la congestión vehicular, según el especialista Óscar Cárdenas Bartra, del Colegio de Ingenieros de Lima. Ahora bien, ¿quién no ha observado alguna vez a un policía que alza la mano y lanza un pitazo al aire para detener el tráfico? Y como buscando evadir la indicación, una hilera de autos —siempre la que se encuentra al frente— sigue a la carrera sin detenerse. En este punto se encuentra con los vehículos de la calle intersectada, a quienes sí les corresponde avanzar. Y allí aparece el caos: congestión, ruidos de bocinas. No hay una sanción inmediata. El agente policial, desde su posición lejana —o sobre un altar de latón circular— se convierte más que en regulador, en un espectador de lo que significa Lima cuando los autos buscan liberarse de su aturdido sistema vial.

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