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A favor o en contra del día del pollo a la braza

29 de Diciembre de 2016

A favor del Día del Pollo a Brasa

Por Gonzalo Pajares

Primero hay que entender que detrás de estas celebraciones hay mucho folklore. Igual que detrás de toda la cocina tradicional. Entonces, hay que poner las cosas en su real dimensión. Hay folklore, efectivamente, celebramos todo, el Día de Pollo a la Brasa, del anticucho, del picarón, del cebiche, y hay quienes se quejan, pero ¿a quién le hace daño? ¿A ti y a mí? No, a nadie. Mantener esas conmemoraciones tiene que ver con las celebraciones populares, con sus tradiciones.

Yo soy de Cajamarca y sé que en el mundo andino se celebra el corte de pelo, el corte de uñas, el primer baño lo hace una persona especial. Todo se celebra. Yo tengo una madrina que me regaló mi primera ropa, y así. Este tipo de cosas son actos simbólicos que implican colectividad, cooperación.

Además, son grandes oportunidades comerciales. Habría que preguntarles a los polleros, como Las Canastas y Norky’s cuánto facturan ese día, en cuánto aumentan sus ventas. Estas fechas son potenciadoras de la economía. Además, tienen que ver con otro factor simbólico: unen. Por ejemplo, yo he celebrado mi cumpleaños en pollerías y cebicherías. Claro, el que desee puede quejarse de que hay mucho aprovechamiento comercial. Sin embargo, podríamos ver otros aspectos: hace poco fue el Día del Padre y yo, que soy separado, pude pasar el día completo con mi hijo gracias a esa fecha simbólica. Detrás de las fechas especiales hay aspectos importantes para muchas otras personas.

Siempre habrá quienes están en contra, que pueden decir que somos ridículos, que solo nos falta celebrar el Día del Helado de Fresa o del Tico Tico, pero hay que entender cada situación en su real contexto. Si, como digo, no le hace mal a nadie y ves sus beneficios comerciales, está bien. Y si no quieres celebrar, no lo hagas, nadie te obliga. Uno elige qué festejar. Por ejemplo, yo no celebraría el Día del Amigo —porque, además, está muy vinculado a una cerveza que yo no tomo— pero esto tiene que ver con el criterio. La gente tampoco se debe dejar embaucar con ese tipo de celebraciones.

Álan García creó el Día del Ron Peruano. ¿Y cuántos productores de ron hay en el Perú? ¡Dos! Eso era un tremendo lobby donde estaba metido el ex presidente. Ahí es necesario ver el tema con criterio. El Día del Pollo a la Brasa, como el del cebiche o el anticucho implican beneficios para una cadena de producción más amplia, que va más allá de los locales. Pero el Día del Amigo es cherry para una marca específica. Y el Día del Ron Peruano es una manera solapada de promocionar dos marcas, nada más. Por eso es necesaria la capacidad de discernir. Pero más allá de eso no hay por qué alarmarse.

Evidentemente hay una sobre-atención en estos temas, que les quita titulares a otros más relevantes o trascendentes para el país, pero así son las cosas en el mundo. Hay que entenderlo y tomarlo con calma, no darle a esas celebraciones más importancia de la que deben tener. Es cierto que en el Perú hay hambre y se deben mejorar las políticas que pueden evitarla y subsanarla, pero no por eso vamos a dejar de celebrar lo demás. La pobreza hay que combatirla, el hambre hay que combatirla. Pero no es necesario ponerse radical contra estas celebraciones.

En contra del Día del Pollo a la Brasa

 

Por Javier Arévalo

Las campañas de marketing me llegan al hueving. Sin embargo, quienes venden algo tienen todo el derecho de hacerlas. Por lo general, me parecen estúpidas, son estupideces que funcionan y mueven sus productos. Y como no me gusta que alguien fracase, las tolero.

Por ejemplo, odio Navidad y el Día de la Madre, campañas marketeras concebidas para vender productos y hacer desgraciada a la gente, también como el Día de los Enamorados, que sirve para destruir noviazgos.

Me apena que las personas sean tan fácilmente programables. Demasiados tontos creen que existe el Jueves de Patas, el Día del Amigo o la Semana de la Carapulcra. El gran secreto de ese éxito es un fracaso en demasiadas vidas. Vivimos en una sociedad de personas agotadas que quieren olvidar el lugar donde viven, sus relaciones de pareja, sus trabajos y sus deudas, y se refugian en placeres básicos como el alcohol, la comida y el sexo. No beben, se intoxican; no comen, se atragantan; no tienen relaciones sexuales, se acoplan.

El sentimiento patrio reforzado a través de la comida, evidencia que la patria no es nada más que una tribu. Y esta tribu necesita creer que los protege un solo dios, y tiene una sola bandera, aunque individualmente se desprecian, como es evidente por los líderes políticos que eligen.

La gente enloquece de orgullo hablando de los restaurantes peruanos que están entre los mejores del mundo... pero no critican la hambruna de sus paisanos. Los que pueden pagar por una lechuga con una lonja de carne y unas manchitas de salsa, lo hacen porque antes no pudieron y es su derecho: la nuestra es una población excluida históricamente de todo, que tiene en la acción de comprar un espacio de auto-reconocimiento, y la ficción de que es una forma de inclusión.

Algunos creen que estos ‘días de’ también funcionan como cortinas de humo para tapar crisis y conflictos sociales. Pero las cortinas de humo solo cubren el rostro y los ojos de los periodistas, que son quienes las reproducen. Las poblaciones saben que algo les conviene y saben cuándo algo no les gusta, pero no tienen referentes, eligen entre lo que hay. Los medios están prestos a promover la producción en masa de un sujeto feliz de ser comprador, aunque no sea ciudadano. La consigna es decirle a las personas: “si eres capaz de comprar, agradece”.

Desde el Virreinato —que otros prefieren llamar Colonia— el país se hizo con gente sin escrúpulos ni valores, por delincuentes atornillados en el poder. Las poblaciones excluidas hoy parecen desbordadas  en la clase media, pero volverán a su condición de B menos o C cuando dejemos de vender piedras. Y responderán violentamente porque entre nosotros el diálogo se ha cerrado. La violencia está en germen en cada rincón del país y en Lima estamos rodeados de bandas que disfrutan mucho su dinero en cada Día del Pollo a la Brasa y del camote frito.

 

Cuando lees la historia del Perú lo que encuentras es la reproducción de cada momento del país: su aprista corrupto boicoteando; su outsider salvador de la patria que traiciona las banderas por las que entró al poder; su burguesía ramplona hablando de libertades económicas, pero viviendo de lo que le vende al Estado; su general victorioso robando pertrechos y cobrando comisiones. Si lees un diario de 1950 parece que todo ocurrió ayer.

 

Veo una manifestación de poder en el acto de comprar. Ojalá que sus hijos descubran  que se merecen más: ser ciudadanos más que compradores; personas, más que unidades de producción embotadas para olvidar que no les gusta aquello que hacen. Consumen pan y circo, pero lo hacen con una rabia contenida, casi como venganza y, en esa especie de venganza, disfrutan y se llenan.

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