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Lo que ellas (nos) envidian

21 de Diciembre de 2016

Si bien las mujeres serán siempre nuestras diosas (como lo demuestra casa símbolo de SoHo) hay ciertas características masculinas que ya quisieran tener ellas. Eso sí, ni se le ocurra preguntarle a su novia o amigas: difícilmente lo admitirán.


Orinamos de pie

El hombre ni siquiera debe bajarse el pantalón, basta con abrirse la bragueta. Y en caso de emergencia, cuando no hay sanitario a la vista, un árbol o un ‘oscurito’ son suficientes. Puntos extra: cuando vamos al baño no necesitamos hacerlo en grupo.

 

No tenemos que depilarnos

Mientras la mujer tiene que pasar por esa muerte lenta con relativa frecuencia, el hombre lo hace pocas veces o nunca. Incluso podemos dejarnos crecer la barba y decir como excusa que ahora somos lumbersexuales (ver páginas 28 y 29).

 

Nadie nos pregunta cuándo tendremos hijos

La mujer debe correr contra su reloj biológico, nosotros no. Una clásica interrogante que les hacen los familiares y amigos a aquellas que superan los treinta es cuándo se va casar, a riesgo de empezar a llamarlas solteronas. En cambio, un hombre es un soltero codiciado hasta pasados los 50.

 

No tenemos que vernos (siempre) sexy

Por ejemplo, para un evento especial muchas mujeres sacrifican su comodidad por el look, al usar tacones y prendas que realcen partes de su anatomía. En cambio, al hombre le basta con ponerse el mismo terno de siempre.

 

No menstruamos

Si bien para muchas mujeres poder dar a luz es una bendición (con ciertas molestias en el proceso) la regla sí que tiene pocas adeptas. En esos días difíciles más de una mujer ha querido pasarse al género opuesto.

 

Podemos usar el mismo polo una y otra vez

Ahora imagine cuánto tiempo pasa una mujer buscando en su closet la ropa adecuada para cada ocasión. Y, por supuesto, para ellas está prohibido repetir la vestimenta del día anterior.

 

 

Estamos listos en 5 minutos

Que la crema, el lápiz labial, las sombras, el vestido… una chica se toma su tiempo para salir, pues el proceso para arreglarse es largo y tedioso. En cambio al hombre le basta con lavarse la cara y peinarse.

 

No somos juzgados sexualmente

Esta es muy injusta, pero lamentablemente aún no ha sido superada. La sociedad no ve bien a una mujer que tiene relaciones con varias personas, mientras que un hombre con el mismo comportamiento es tratado como un ganador.

 

La simpleza de pensamiento

Mientras el hombre dice y hace lo que siente (a veces sin detenerse a meditar) la mujer piensa y analiza mucho más las cosas, lo cual puede hacer su vida más complicada. Por temas de maternidad, ellas están biológicamente diseñadas para tener más sensibilidad.

 

La edad y el peso nos preocupan menos

Es mucho más común oír a una chica hablar de calorías o de los años que a un chico. Además, el hombre tiene muchos más años de fertilidad.

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