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El Medallista Biónico

13 de Octubre de 2016

Desde hace cinco años —y tras una emboscada terrorista—, Carlos se desplaza con una prótesis biónica en la pierna izquierda. Con ella no solo realiza las actividades que normalmente hacía antes del atentado, también ha descubierto nuevas facetas: el salto largo y el atletismo. En estas disciplinas deportivas compite y gana medallas en torneos que se celebran en varias partes del globo.

Ayer fue la pichanga y hoy se encuentra en el gimnasio de la Escuela Militar de Chorrillos (EMCh) alistándose para los Juegos Paralímpicos Rio 2016. En su entrenamiento carga pesas de 60 kilos, se desliza por la caminadora y trepa por las poleas. Antes de salir a correr por la pista atlética, se saca la rodilla genuine bionic y se coloca la prótesis deportiva 3S80 con total familiaridad.

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Hay imágenes que marcan para siempre. La que marcó a Carlos Felipa fue ver la operación

Chavín de Huántar por televisión. Estaba en tercero de secundaria y acababa de descubrir su vocación: quería ser un comando, al igual que aquellos que rescataron a los rehenes de la embajada japonesa. Se convirtió en uno de ellos años más tarde, previo paso por la Escuela Militar.

Cualquiera no llega a convertirse en miembro de una fuerza especial de élite del Ejército. En su promoción de la escuela de Comandos empezaron 92 y solo se graduaron 36. Carlos sabía que cada misión en esta profesión implicaba que podía morir en cualquier momento. ¿Qué puede ser tan importante como para poner en riesgo permanentemente la propia vida? “El ideal de proteger la soberanía del Perú, que incluye el territorio y a la gente de nuestro país”, sentencia Felipa.

En el 2008 Carlos fue enviado al VRAEM. Pasó tres años en esta zona de emergencia escudriñando campamentos terroristas incluso en lugares a los que no llegaba la señal de satélite. En esas estuvo hasta el día de la emboscada. Ese día llegó en el 2010. Su patrulla, conformada por 12 hombres, avanzaba por una trocha en medio de un espeso bosque. El sonido de las botas pisoteando la tierra se vio interrumpido por la detonación de cargas explosivas. “Sentí calor, escuché ruido, y olí mucha pólvora”, recuerda. La onda expansiva del estallido hizo volar a Carlos. Al caer intentó pararse: no pudo hacerlo ni en el primer ni en el segundo intento. “Donde estaba mi pierna izquierda solo quedaba hueso y un poco de carne colgante quemada”, rememora. Su otra pierna, al igual que su cara y brazos, estaba llena de sangre. Un compañero se echó encima de él para protegerlo de los disparos terroristas. Carlos llamó a Milton Molina, su amigo desde la época de la Escuela Militar, para pedirle que viniera con su patrulla a ayudarlos. Este fue en su auxilio, pero nunca llegó. Una carga sembrada en el camino le quitó la vida.

Las dos patrullas fueron llevadas al puesto de socorro de Pichari. Desde ahí Carlos telefoneó a su esposa e hija para contarles lo acababa de ocurrir. Ellas se preocuparon, pero también sintieron un alivio enorme, pues en los noticieros lo daban por muerto. Horas después fue evacuado en helicóptero a Lima.

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Su récord actual en 100 metros planos es de 14.8 segundos y espera, en poco tiempo, superarlo

“Nunca renegué por lo que me pasó”, refiere Carlos. Su formación como fuerza especial de élite y el tomar este incidente como parte de su carrera le ayudaron a sobreponerse a la adversidad. En ese momento cobró sentido para él el lema de los comandos: “Surgir de las profundidades oscuras de los mares”. Esa reflexión le hizo entender que la discapacidad es un estado más mental que físico.

En virtud de ello, se puso como objetivo retomar sus actividades cotidianas con normalidad. Buscó en Internet cuál era la mejor prótesis de pierna y encontró la genuine bionic. Le pidió al Ejército que se la compre, pero le respondieron que en el Perú no la vendían. “Entonces mándenme a Estados Unidos”, dijo: no lo escucharon.

Su solicitud llegó al presidente Ollanta Humala por intermedio de un amigo que trabajaba como secretario en Palacio. El Mandatario, que también era veterano de combate, dio la orden para que Carlos viaje ese mismo mes. La Agregaduría Militar agilizó los trámites y 20 días después Carlos llegó al National Rehabilitation Hospital de Washington D.C.

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Algunas cosas se hacen de forma automática y a veces no se les presta atención. Si lo piensa detenidamente, es impresionante que una pierna sincronice con la otra; lo es también que el cerebro procese de forma tan inmediata, en fracciones de segundo, la intención que tenemos de ir rápido o lento, hacia adelante o atrás, o detenernos. Carlos fue consciente de todo ello mientras iniciaba su rehabilitación en Norteamérica. “Temía que al dar un paso con la pierna derecha, la prótesis no diera el siguiente y cayera”, dice. Los doctores le explicaron que el microprocesador interno de la rodilla biónica era capaz de reconocer el balance del cuerpo y la velocidad con que se desplaza.

Cuando sostuvo la genuine bionic por primera vez, recordó cuánto la había pedido. No solo al Ejército, también al universo. El comandante es un seguidor de la ley de la atracción, esa que explica que aquello que se desee y se visualice, irremediablemente llegará a sus manos. En su caso se trataba de una prótesis biónica hecha de una aleación de aluminio y carbono con motor interno y seis kilos de peso.

La primera etapa de adaptación fue la más complicada. El dolor que causaba la prótesis cuando apretaba el muñón del muslo era bastante fuerte. Poco a poco aprendió a soportarlo y a saber convivir con su nueva pierna. A las dos semanas ya caminaba. En poco tiempo podía subir escaleras, cargar peso, desplazarse por una cuesta y pisar terrenos irregulares. En cuatro meses le entregaron la genuine bionic. Ya estaba listo para echar a andar.

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Fue a Estados Unidos en silla de ruedas y volvió caminando

Carlos fue a Estados Unidos en silla de ruedas y volvió caminando. Los primeros pasos en Lima con la prótesis biónica los dio con total normalidad. “Era como si nunca hubiese pasado nada”, sostiene.

El mayor impacto fue para la gente que lo veía en la calle. Se sorprendían al presenciar a aquel hombre en short que caminaba perfectamente con ayuda de una máquina. A juicio suyo, la cosa es al revés: “yo soy la máquina y mi pierna biónica es solo una pieza”, comenta.

En paralelo, Carlos pensaba en su futuro, en lo que haría con su vida de allí en adelante. La carrera de comando había quedado atrás, así que decidió cultivar la otra pasión que tenía: el deporte. En su época de cadete fue un destacado taekwondista y en esta nueva etapa descubriría el atletismo y el salto largo. La Escuela Militar puso a su disposición sus instalaciones, especialmente el gimnasio y la pista atlética.

Para empezar su carrera deportiva, Carlos adquirió la rodilla 3S80 con el dinero que le pagó el seguro. “Fue mi mejor inversión”, confiesa. Esta prótesis se diferencia de la genuine bionic en el pie, que en este caso tiene un resorte de carbono ligero y resistente que se caracteriza por dar impulso y estabilidad en las curvas. Con un aliado de ese corte, el capitán asistió a maratones y carreras.

Su primera competencia fue la carrera de 100 metros platos de paratletas en el Open Internacional de Medellín 2014. El debut fue bastante auspicioso: ganó una medalla de bronce. Según refiere, no se sintió nervioso ni inseguro, solo concentrado en correr y registrar la mejor marca posible.

Un año más tarde fue el único sudamericano que participó en los Parapanamericanos de Toronto. Quedó en el cuarto puesto en los 100 metros planos y alcanzó una expectante posición en salto largo.

Su mayor logro lo tuvo en el Mundial de Corea 2015. Allí se proclamó campeón al conseguir dos medallas de oro en 100 y 200 metros planos. En la competencia participaron militares veteranos de combate con alguna discapacidad. El momento más emotivo fue cuando subió al podio y escuchó las notas del himno nacional en una latitud tan lejana.

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Mientras entrena en el gimnasio de la Escuela Militar, Carlos recibe un mensaje del Comité Paralímpico. En él le invitaban a formar parte de los Juegos Paralímpicos de Río 2016. Viajó a Brasil para representar al Perú en las disciplinas de atletismo de 100 metros planos y salto largo.

En su agenda también está marcado octubre, mes en que se realizarán las primeras olimpíadas biónicas en Zúrich, Suiza. A ese certamen se le ha bautizado como Cybathlon y se evaluarán tanto la destreza de los participantes al usar sus prótesis como el nivel de desarrollo tecnológico. Cada especialidad brindará dos medallas, una para el atleta y otra para la compañía que desarrolló el dispositivo que usa. Carlos participará en este evento como el único deportista de la delegación del Team Católica Perú.

Las competencias que están en su radar mantienen al comandante entrenando tres horas en el gimnasio de la EMCh. Al terminar su rutina sale a la pista atlética, se coloca la prótesis deportiva 3S80 y empieza a correr. Sus piques son veloces y seguros, y lo que mejor es que, sin que importe la velocidad a la que vaya, el artefacto jamás se le ha salido. Su récord actual en 100 metros planos es de 14, 8 segundos y que supere esa marca es cuestión de poco tiempo. Alejado de la vida militar, participar en estas competencias significa que Carlos sigue cumpliendo misiones para el Perú. Ya no empuñando un arma o hurgando en escondites terroristas, sino con la camiseta nacional. “El objetivo es el mismo: buscar logros para el país, solo que en otro contexto.

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